La base del consumo colaborativo (Gastos) hoy en día

La base del consumo colaborativo (Gastos) hoy en día

La base del consumo colaborativo viene dada porque todos los renglones industriales crecen más rápido de lo que podemos manejar y comparar

Durante mucho tiempo, prosperidad ha sido sinónimo de híper-consumo. Desde mediados del siglo XX, un mal comprendido concepto de abundancia llevó a las sociedades industrializadas – y tras ellas, al resto de las sociedades del mundo – a basar el bienestar individual en la posesión y acumulación sin límite de cosas.

Más aún, las economías nacionales se hicieron dependientes de esta inclinación al híper-consumo que indica que para que la economía “marche bien”, se espera que compremos tantos vehículos, electrodomésticos, artículos de vestir e implementos tecnológicos como podamos, independientemente de si los necesitamos o no y de si los podemos usar sin que tengamos que adquirirlos. Esta noción, implícita en nuestras mente, ha provocado que terminemos rodeados, literalmente, de miles de objetos que no usamos o lo hacemos muy poco.

Consumo colaborativo

Queda claro que un ritmo de consumo desmedido, ya sea a escala individual, nacional o planetaria, sencillamente no es sostenible. El consumo colaborativo surge, precisamente,
como una respuesta a esta problemática, rescatando algunas conductas tradicionales y potenciándolas a través de las nuevas tecnologías y de la conectividad inteligente que estas generan. Esta modalidad de consumo permite compartir, intercambiar, prestar, alquilar y hasta regalar de manera sistemática y organizada. Basta con que dos o más individuos descubran su afinidad a través de grupos naturales o de comunidades virtuales y que se dispongan a aprovecharla.

El potencial es enorme. Transporte, educación, entretenimiento, viajes de vacaciones y hasta financiamientos e inversiones caben en el esquema. Y funciona.

Un mundo en rápido crecimiento
La base del consumo colaborativo viene dada porque todos los renglones industriales crecen más rápido de lo que podemos manejar y comparar; como cuando por ejemplo, logras conseguir algo para lo que has estado ahorrando hace meses y ya hay otro, más moderno, disponible. Por esto y por muchas otras razones, el consumo colaborativo está tomando cada vez más peso y es cada vez más aceptado entre las clases sociales que ocupan la parte superior de la pirámide social.

¿Quién no se ha puesto un pancho?
El consumo colaborativo retoma tradiciones – como el traspaso de ropa, juguetes y libros entre miembros de la familia ampliada – y las articula a conciencia, generando ahorros apreciables y reduciendo el impacto ambiental. Las aplicaciones van desde trayectos compartidos en automóvil – el carpooling – hasta la modalidad de propiedad compartida de inmuebles turísticos. Con disposición y algo de imaginación, en el consumo colaborativo cabe prácticamente de todo.

Fuente: SmartCoach.com.do

¿Qué cosas se pueden compartir? Aquí algunas ideas:

Carros

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  • Hacia el trabajo: Si tienes un amigo que vive cerca y trabajan en el mismo lugar, pueden acordar alternarse los carros y que uno conduzca una semana y otro la siguiente. Esto impactará grandemente tu presupuesto de combustible y mantenimiento.
  • Trayectos: Si vas a un lugar fuera de la ciudad, como por ejemplo, a una excursión, concierto o alguna actividad familiar, considera la posibilidad de compartir vehículo con algunos amigos y repartirse el gasto del viaje. Otra idea puede ser alquilar un autobús y viajar todos juntos de una manera más segura y más económica.

Libros

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  • Intercambiar libros; es una excelente opción para ahorrar costos, sobre todo, en temporada escolar. Lo puedes hacer también con novelas, cuentos, entre otros.
  • Compras: Si tienes algún amigo o familiar de confianza con el que compartes el gusto por la lectura, una idea que puedes poner en práctica, es hacer compras de libros y luego intercambiarlos. Estarás leyendo dos libros, pagando solo por uno.

Ropa

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  • Vende tus piezas: una idea que ha estado de moda en los últimos tiempos y en todas las clases sociales, es vender las piezas de ropa que ya no se usan y que estén en excelentes condiciones. Bajo este esquema, alguien puede adquirirla por un menor precio y tu tendrás efectivo para disponer de él, de acuerdo a tu conveniencia

 

 

Comida

Comida

  • En el trabajo: Una idea que se practica en nuestro país frecuentemente, es compartir los platos en los almuerzos del trabajo. En este sentido, si eres de las personas que almuerzas en tu lugar de trabajo, puedes optar por preparar un plato y compartirlo con tus compañeros de almuerzo y que estos hagan lo mismo. Esto te brinda la oportunidad de comer algo variado y definitivamente a un muy menor precio, además de compartir de un agradable momento

 

 

 

Dejando a un lado los prejuicios

Una de los puntos que pudieran ser desfavorables para el consumo colaborativo, son los prejuicios sociales que trae consigo el compartir cosas. Dichos prejuicios se desvanecen en la medida en que la crisis económica va afectando a más y más familias.

Una buena opción para romper esas barreras mentales que trae consigo este tipo de consumo, es iniciar la práctica con amigos cercanos. Sin lugar a dudas, cuando empieces a ver efectos positivos en tus bolsillos, entenderás por qué el consumo colaborativo es una práctica tan frecuente en otros países del mundo, o bien, caerás en cuenta de que es una práctica que desde hace mucho incorporaste y simplemente no sabías que existía formalmente.

El consumo colaborativo está pasando de la fase de simpática anécdota a la de alternativa creíble

www.economiasolidaria.org

Por: Pamela Pichardo